Cosas que no dejan recibo
Debe existir en alguna parte una balanza para estas cosas. No una de las que pesan manzanas, maletas o culpas (aunque para estas últimas seguramente ya inventamos demasiadas), sino una capaz de recibir todo aquello que hacemos sin que necesariamente quede algo para mostrar después. Uno llegaría y vaciaría los bolsillos sobre el mostrador: lo que hizo, lo que resolvió, una preocupación que cargó durante días, una decisión que nadie supo que tuvo que tomar, dos problemas que todavía no existen pero podrían existir el jueves, el cansancio de pensar en mañana mientras todavía intenta terminar hoy. El encargado no preguntaría demasiado. Estaría acostumbrado a personas con los bolsillos llenos de cosas que no se ven. Lo pondría todo encima y, quizá por unos segundos, uno tendría la tranquilidad de pesar lo suficiente. Pero la balanza no existe. En su lugar tenemos una contabilidad más rudimentaria: la de las cosas visibles. Contamos quién estuvo, quién hizo, quién resolvió aquello que ...


