El Mecanismo
Durante años pensé que simplemente no sabía recibir elogios. Hoy empiezo a sospechar que nunca fue ese el problema. No porque crea que todos escondan una mala intención. Ni porque piense que admirar a alguien sea peligroso. Simplemente hay ciertos elogios que siempre me han incomodado desde niño. Y durante mucho tiempo asumí que era una incapacidad mía para aceptar un cumplido. Con los años dejé de intentar corregirlo. Empecé, en cambio, a preguntarme qué era exactamente lo que me incomodaba. Todavía no estoy seguro de haber encontrado la respuesta. Pero sí encontré una diferencia que ya no consigo ignorar. Nunca me preocuparon los elogios que hablaban de lo que alguien hizo. Los que me hicieron detenerme fueron los que parecían decidir quién era. Porque una cosa es escuchar: "Qué bien resolviste esto." Y otra muy distinta: "Tú siempre eres el fuerte." La primera frase reconoce una acción. La segunda empieza a construir una identidad. Con el tiempo empecé a pregunta...

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