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El Registro Invisible

Hay momentos en que uno cree que la confianza se construye con palabras, con gestos, con esa especie de arquitectura invisible que intentamos levantar entre dos personas. Como si bastara insistir un poco más, explicar mejor, ser más paciente, para que del otro lado algo finalmente encaje. Como si la confianza fuera una pared: ladrillo sobre ladrillo, día tras día, hasta que de pronto se vuelve sólida y habitable. Pero no. La confianza no se fuerza. No se empuja. No se arranca como una puerta mal cerrada. Solo puedes crear las condiciones y esperar que la persona la elija. Es una elección silenciosa, casi íntima, que ocurre lejos de los argumentos. No depende de cuán claro hables ni de cuántas veces demuestres lo mismo. Hay algo en la confianza que pertenece únicamente al territorio del otro, como una llave que jamás estuvo en tus manos. Uno puede mostrar la puerta. Incluso mantenerla abierta. Pero cruzarla… siempre será decisión de quien está del otro lado. Y, sin embargo, hay algo cu...

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