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Avra Kedabra

 No es una palabra: es una manera de empezar. Antes de cualquier truco, antes de que alguien creyera en la magia, ya estaba la intuición más antigua y más peligrosa: la voz crea. En el Génesis no hay manos moldeando el mundo. No hay uñas con barro, ni sudor, ni esfuerzo visible. No se dice hizo. Se dice dijo. “Sea la luz.” Y la luz, obediente, aparece. No hay explicación. No hay proceso. Solo una frase lanzada al vacío con la seguridad de quien sabe que el vacío escucha. Ahí empieza todo. No con materia, sino con dirección. Desde entonces repetimos el gesto, a escala humana, sin darnos cuenta. Cuando alguien dice “esto siempre me pasa”, el mundo toma nota y ajusta el guion. No por maldad, sino por costumbre. Cuando alguien insiste en “yo no sirvo”, el cuerpo aprende la frase como aprende una postura: de tanto repetirla, se queda así. Pero también existe el otro uso. Alguien dice “quedate” y un hogar empieza a formarse aunque todavía no tenga nombre. Alguien dice “voy a intentarlo” ...

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