El ruido de las casas vacías
Hay habitaciones que siguen haciendo ruido mucho después de haber quedado vacías.
No es la madera.
No son las ventanas.
Son las personas que olvidaron sacar su voz antes de cerrar la puerta.
Algunas nunca se marchan del todo. Aprenden el camino de regreso sin mover un solo pie. Habitan la distancia: conocen el eco antes que la palabra, la sombra antes que el cuerpo, la versión antes que el acontecimiento.
Con el tiempo dejan de necesitar la llave.
Les basta el ojo pegado a la cerradura.
Cada ruido confirma una sospecha.
Cada silencio confirma otra.
Y cuando faltan los hechos, siempre aparece alguien dispuesto a prestar una historia.
Poco importa si el rumor nació de una ventana abierta o de un espejo mal colocado; lo importante es que siempre encuentre un oído dispuesto a hospedarlo.
Tal vez el rencor sea eso: una imaginación que deja de distinguir entre la memoria y el deseo.
Entonces aparecen los actores. Los que sonríen con una mano mientras la otra recoge las palabras ajenas como si fueran migas de pan. No porque tengan hambre, sino porque descubrieron que algunas mesas se llenan más rápido con historias que con verdades.
Hace tiempo creía que el cinismo era la capacidad de mentir sin ruborizarse. Ahora sospecho que es algo mucho más silencioso: la habilidad de convencerse de una versión conveniente hasta olvidar que alguna vez existió otra.
Borges escribió que uno es, sobre todo, su memoria. Quizá por eso algunos no abandonan los lugares: abandonan el cuerpo, pero no la costumbre de volver.
Hay quienes conservan una casa en el recuerdo.
Y hay quienes necesitan que la casa también los recuerde.
Entonces aparecen las uñas sobre la pintura.
Los oídos detrás de la pared.
Las historias repetidas hasta que deja de importar si ocurrieron o no.
Porque el rumor no siempre busca la verdad.
A veces solo busca demostrar que todavía existe alguien dispuesto a pronunciar nuestro nombre.
Y acaso esa sea la forma más silenciosa de no haberse ido nunca.
No todos soportan descubrir que una casa puede seguir llenándose de voces nuevas.
No todos soportan aceptar que el mundo continúa exactamente igual después de que cerramos la puerta.

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